Apreciación Personal.

 

              Deseo dar especial agradecimiento a Eduardo Díaz A., médico veterinario,   propietario de criadero Breogán de España, por su siempre desinteresada, amable e inigualada forma de  transmitir sus conocimientos, especialmente en lo que al rottweiler se refiere, quien ha sido en parte sólido pilar de mi formación para intentar  aprender y comprender esta hermosa raza. De igual manera a Carlos Gajardo C., adiestrador y amante de los perros, voluntad y paciencia de oro, quien junto a su equipo de Escuela de adiestramiento Lanuzana realizó una importante labor en los campos de trabajo para mis perros. A Ignacio Sierra, psicólogo canino, uno de los pioneros del trabajo del rottweiler en España, a Carlos Alonso, propietario de Canil Curacautin de Brasil, a Guillermo Alvarez Cuesta propietario de criadero Del Norte, España, quienes en más de alguna conversación telefónica me orientaron y aconsejaron  sabiamente sobre aspectos fundamentales de la raza. A Marcos Contreras A., quien tantas noches pasó en vela para dar apoyo a una perra en parto y cuidar de sus cachorros, con el cual logramos sacar adelante más de alguna camada dificultosa. Y a otros tantos viejos perreros que se van convirtiendo en amigos en la diaria actividad canofílica.

 

No quiero dejar de dar mil de gracias a todos esos  detractores, como a aquellos que su sabiduría no es más que su propia ignorancia, los que de una u otra manera me han dado pauta para verter parte de mi apreciación respecto de la raza.

 

            Lo que tú puedas leer en estas páginas, no es más que mi propia apreciación e interpretación personal de lo que pueda llegar a ser un rottweiler ideal, desde la gestación a su estado adulto, fundamentados en la lectura especializada  y experiencia que he logrado obtener a mi favor respecto de la raza durante estos últimos siete años, al interactuar cotidianamente con mis ejemplares y por supuesto sin dejar de lado los sabios consejos de algunos pocos  conocedores  y verdaderos amantes de la cinófilia y en especial del rottweiler.

            De la vejez de ellos no es mucho lo que puedo aportar en este momento, ya que mi formación teórica es carente de la experiencia necesaria en esta área, debido a la mediana edad de mis ejemplares.

             Creo que la pureza de un can no la determina la simple inscripción de éste en el libro de registro del club de la raza u organismo oficial cinofílico de un país en particular; ella trasciende más allá y deberá siempre considerarse específicamente el estándar de origen. En dicho estándar encontraremos los patrones comparativos para aplicarlos a nuestros ejemplares en cuestión, pudiendo a través de esta acción comparativa, determinar virtudes y faltas, defectos de tipo y de constitución, hasta lograr evaluar sus distintos niveles.

Sin embargo, no debemos olvidar “lo que hoy es bueno, tal vez mañana no”. Es por tal motivo que los estándares están sujetos a modificaciones en el tiempo. Si observamos fotografías de rottweiler de unos 40 años atrás, nos daremos cuenta que la tipicidad difiere de la actual. Más aún dentro de una misma época y para un mismo estándar reinante, el prototipo de la crianza se verá inspirado por valoraciones o sobrevaloraciones hacia determinados rasgos, los cuales son reflejo de quien lleve la dirección del club de origen. En contrapunto a estas predilecciones, estará la verdadera selección que pueda ejercer el criador.

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